lunes, 6 de octubre de 2014

Las mutaciones en calreticulina ayudan a diagnosticar neoplasias mieloproliferativas ocultas en pacientes con trombosis esplácnica

Las neoplasias mieloproliferativas (cromosoma Fildadelfia-negativas) son la causa más común de las trombosis esplácnicas, aunque con frecuencia quedan enmascaradas. Un estudio liderado por el IDIBAPS ha encontrado que el screening de las mutaciones en el gen que codifica la calreticulina (CALR) incrementa el número de diagnósticos de este tipo de neoplasias y puede reducir la necesidad de estudios adicionales, como la biopsia de médula ósea, en algunos pacientes. Se trata del primer estudio en evaluar la frecuencia de estas mutaciones en un número elevado de pacientes.

En el trabajo, publicado en el Journal of Hepatology, han participado investigadores del IDIBAPS del grupo Regulación de la microcirculación hepática en la cirrosis y enfermedades vasculares hepáticas, dirigido por el Dr. Juan Carlos García Pagán, del equipo de Hemato-Oncología, dirigido por el Dr. Francisco Cervantes y del equipo Fisiopatología y bases moleculares en hematología, dirigido por la Dra. Dolors Colomer. La Dra. Fanny Turón, del grupo que dirige el Dr. García-Pagán, es la primera firmante del artículo.

El término “Trombosis Esplácnica” engloba las enfermedades conocidas como síndrome de Budd-Chiari, o trombosis de las venas suprahepáticas –las que drenan el hígado-, y trombosis portal (PVT, de sus siglas en inglés). Las neoplasias mieloproliferativas (MPN) son la principal causa de este tipo de trombosis y se dan en un 35% de los pacientes con PVT y en un 50% de los que tienen el síndrome de Budd-Chiari. Aunque a veces es complicado diagnosticarlas por estar con frecuencia enmascaradas, el descubrimiento de las mutaciones en el gen JAK2 simplificó mucho su diagnóstico, ya que se dan en la mayoría de pacientes con MPN. En los últimos años diversos estudios han descrito también mutaciones en el gen que codifica la calreticulina (CALR), las cuales se dan en un porcentaje muy elevado de pacientes que no tienen la mutación de JAK2.

Con esta información, los investigadores llevaron a cabo un estudio retrospectivo con muestras de 209 pacientes con trombosis esplácnica para buscar las mutaciones de JAK2 y  CALR. Un 35% de los pacientes analizados tenía una neoplasia mieloproliferativa y, de éstos, un 82.4% tenía la mutación en JAK2 y cerca de un 6% la mutación en CALR. Los resultados confirmaron que ambas mutaciones eran excluyentes, es decir, si se daba una, la otra no.

Así pues, el estudio concluye que, por su frecuencia, en los pacientes con trombosis esplácnica primero debe buscarse la mutación de JAK2 y, en caso de no encontrarla, investigar si existen mutaciones de CALR. De esta forma, se mejorará el diagnóstico de neoplasias mieloproliferativas en pacientes con este tipo de trombosis y se podrán reducir las exploraciones más invasivas.

Referencia del artículo:

Role of calreticulin mutations in the etiological diagnosis of splanchnic vein thrombosis.

Turon F, Cervantes F, Colomer D, Baiges A, Hernández-Gea V, Garcia-Pagán JC. J Hepatol. 2014 Aug 27. pii: S0168-8278(14)00619-9. doi: 10.1016/j.jhep.2014.08.032. [Epub ahead of print]

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